sábado, 28 de abril de 2018

No es una manada, es una jauría humana

Son una panda de impostores.
Han adoptado un nombre que les agrupa y les da seguridad, pero es el nombre equivocado.
Para quienes, como yo, pertenecen a la familia scout, ver cómo se arrastra el nombre de "Manada" por el fango, atribuir a una "Manada" los delitos que ha cometido ese grupo de indeseables nos produce una mezcla de horror, estupor e indignación que raya en lo inaguantable.
Porque, para quienes no lo sepan, el concepto de "Manada" dentro de los scouts tiene un significado radicalmente opuesto a lo que "esos" le dan.
Una Manada es un grupo de niños y niñas (Lobatos y Lobatas) de entre 7 y 11 años, que aprenden a ser solidarios, honestos, respetuosos con el entorno y entre sí.
Se rigen por unas leyes sencillas extraídas del "Libro de las Tierras Vírgenes" de Rudyard Kipling, más conocido como "El Libro de la Selva".
Entre juegos didácticos, aprenden a reconocer sus errores y a aceptarlos delante de sí mismos y del Consejo de Roca y acatan las consecuencias de sus actos.
Su lema es "Haremos siempre lo mejor".
Mi pensamiento está con esos Akelas, Baloos, Bagheeras, esos responsables de las Manadas de Lobatos de todo el mundo, intentando explicar a sus integrantes que La Manada es otra cosa.
Que se rige por el honor y la honestidad.
Que respeta a todo el mundo.
Que lucha y se rebela contra la injusticia.
Que dice SIEMPRE la verdad, aunque le cueste.
Para muchos de vosotros quizá sea un problema menor, pero para mí, que he tenido la fortuna de poder trabajar con ellos y ellas, educando y jugando y que he aprendido más de ellos y ellas que al revés, siendo Bagheera en una Manada, es importante que se entienda que es otra cosa.
Que ese grupo de criminales condenados en primera instancia NO merecen ser llamados Manada.
Porque no lo son.
Son una jauría humana.
Son una enorme montaña de estiércol y testosterona.
Pero una Manada... Por ahí no.
Un saludo fraternal con la mano izquierda a mis hermanos scouts.

domingo, 1 de abril de 2018

Mi regalo de cumpleaños

Al fin y al cabo era domingo.
Recién estrenada la primavera, con olor a césped recién cortado.
En una España que despertaba poco a poco de una pesadilla gris e infame que duró cuarenta años de más.
En un país que abría los ojos al mundo que llevaba décadas viendo a través del cine, después del panegírico perceptivo del Noticiario Documental.
En una ciudad amable, que nunca dejó de ser ese poblachón manchego de puertas abiertas, por mucha Capital que fuera.
En un barrio casi a estrenar, lleno de niños y niñas que jugaban en la calle a casi cualquier cosa, bajo la mirada atenta de las vecinas que cuidaban con celo toda la camada, fuera suya o no, porque en el fondo era un poco de todas.
Después de varias falsas alarmas, te decidiste a llegar.
En domingo.
Desde ese momento supe que la vida me había regalado un domingo eterno.
Un domingo con olor a colonia y a bollos recién hechos.
Un domingo soleado siempre con tu risa contagiosa.
Un domingo de paseos llenos de descubrimientos.
Un domingo de aprendizaje continuo a través de tus ojos curiosos.
Un domingo de comida en familia, con aroma a plenitud.
Un domingo de lecturas compartidas y de lámparas encendidas hasta las tantas.
Un domingo de jugar a las adivinanzas con tus sueños y de ojos empañados al verlos cumplidos.
Porque contigo, hermana, siempre es domingo.
Porque es un día alegre cuando tú estás.
Porque la risa nos hace cómplices hasta la lágrima.
Porque todo pesa menos cuando tu brazo de titanio me sostiene.
Porque tiñes de colores la vida.
Porque arrancas sin miramientos las malas hierbas.
Porque maquillas con dulzura infinita la amargura.
Porque moldeas los reveses hasta que tienen forma de aciertos.
Porque llegaste en domingo, y ese día supe que todo era posible contigo.
Al fin y al cabo, era domingo ese dos de abril de 1978.
Mi regalo de cumpleaños adelantado no caduca, ni se gasta, ni se cambia por todo el oro del mundo.
Me regalaste una mirada nueva, un ejemplo continuo de empatía y solidaridad.
Me brindas la oportunidad de intentar ser mejor siempre, porque tú me observas.
Me das la serenidad que me falta.
Me enseñas cada día.
Me das el empuje que necesito para volver a intentarlo.
No te rindes, no desistes, nunca.
Aunque seas la pequeña, eres muy grande
No es necesario leer entre líneas para entender que te quiero a morir.
¡Feliz cumpleaños, hermana!