Maldita sea tu estampa.
Maldita sea tu alma.
Maldita sea tu forma de entender la vida.
Maldita sea tu forma de ascender sin mirar atrás.
Maldita sea tu escalera jalonada de víctimas.
Maldita sea tu manera de esquilmar ilusiones, dando una de cal y otra de arena.
Maldita sea tu hambre de triunfo, que se alimenta de la esperanza de quien te rodea.
Maldita sea cada una de tus huellas ensangrentadas, son mudos testigos de tu egoísmo.
Esas huellas señalan tu camino de bajada.
Porque bajarás.
Válgame Dios que bajarás.
Y encontrarás las miradas perdidas, huérfanas de ilusión que no te atreviste a enfrentar en su día.
Y buscarás ese amor perdido por tu ambición. Y no estará allí.
Y mirarás alrededor buscando una mano que te sostenga, esa misma que buscaron en tí mientras la tenías metida en el bolsillo.
Y no la encontrarás.
Y te verás ante el espejo, con la cara desnuda, sin afeites carísimos, sin blasones de marcas de moda, sólo tus ojos frente a tus ojos.
¿Serás capaz de sostener tu propia mirada?
¿O bajarás las pestañas para no ver tu propia oscuridad?
Porque le diste portazo a la luz.
Mandaste al infierno a quien te daba su cielo.
Desde tu indiferencia, desde el más absoluto desprecio por los sentimientos.
Porque ¿cómo vas a apreciar algo que te es ajeno?
En tu mundo, todo se compra y se vende.
Pero el amor, la generosidad, la bondad... no tienen precio.
Por fortuna estás cada vez más lejos.
Y no te echaremos de menos.
Y curaremos las heridas que infringió tu desdén hasta que sean polvo en el aire.
Pero, hasta entonces, maldita sea tu estampa, maldita sea.
sábado, 16 de junio de 2018
Maldita sea tu estampa
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