Quienes me conocen saben que soy una lectora impenitente.
Me dosifico para leer porque si no, no haría otra cosa durante todo el día. Además, formo parte de un maravilloso grupo en Facebook "A mí también me gusta leer antes de acostarme" donde las recomendaciones de nuevas lecturas se multiplican de manera exponencial por momentos, así que voy gestionando mi "ILP" (Interminable Lista de Pendientes) en función de mi estado de ánimo y con la ayuda inestimable de las recomendaciones de las y los lectores.
Pero la tetralogía "Dos Mujeres" de Elena Ferrante llegó a mis manos por otra vía. Mi chico leyó sobre ella en un artículo, me preguntó si sabía algo de la obra (yo la desconocía del todo) y, ni corto ni perezoso, encargó vía telemática la tetralogía completa. ¿Para qué encargar los libros uno a uno? ¿Y si no me hubiese gustado? Pero... Él es así, hay que quererle sí o sí.
El hilo conductor de la obra es la relación de amistad entre la protagonista y su amiga de la infancia a lo largo de los años, en una Italia profunda, de ropa tendida en los balcones y sangre hirviendo en las venas. Literatura costumbrista pero llena de momentos impagables.
Según iba avanzando en la lectura, iba sintiéndome incómoda conmigo misma. Me veía reflejada en las actitudes de uno u otro personaje con respecto a la relación con los otros, fundamentalmente entre las dos amigas. Cierto es que desde la madurez, analizas tus reacciones de entonces con la lógica de tus años y vivencias, pero no puedes evitar sentirte culpable de no haber estado a la altura en ese momento.
¿Cuántas veces somos injustos al censurar a alguien por una u otra acción, sin ponernos en su lugar? ¿Cuántas somos analfabetos emocionales? ¿Cuántas veces condenamos al ostracismo a alguien por "pesado" sin pararnos a pensar en la soledad que le atenaza? ¿Cuántas nos empeñamos en dirigir la vida de los demás sin escuchar lo que verdaderamente necesita?
Al mirar hacia atrás, avanzando en la lectura, me dolió profundamente la falta de empatía que tuve entonces y que procuro enmendar en mi día a día.
Al mirar hacia atrás, avanzando en la lectura, me dolió profundamente la falta de empatía que tuve entonces y que procuro enmendar en mi día a día.
Descubrí de mí cosas que no me gustaban nada y que espero cambiar, aunque me cueste todo mi tiempo.
A quienes me acompañáis desde entonces, pese a todo, gracias.
A quienes me acompañáis desde entonces, pese a todo, gracias.
Os recomiendo la lectura de esa obra; como veis, todo es susceptible de leerse entre líneas.