En general, y dense por hechas todas y cada una de las honrosas excepciones que me constan, vivimos en la sociedad del "aquí y ahora", del "usar y tirar" y del "dame más que más me merezco"
Hemos abandonado la cultura adquirida de dar valor a cualquier cosa, gesto o amistad, cuantificando la calidad a base de "me gusta" en cualquier red social.
Los niños (y los no tan niños) están subyugados por la inmediatez de una pantalla (cuanto más grande, mejor) que pone al alcance de la mano cualquier contenido a la voz de "ya"
Estamos perdiendo la perspectiva, a mi modesto modo de entender. Todo es válido, nos creemos semi-dioses por poder salvar o condenar a nuestro antojo con solo apretar un botón.
Quizá sea que me estoy haciendo mayor.
Que sigo disfrutando como a nadie le importa entre las páginas de un libro.
Que valoro el esfuerzo del creador de una obra, ya sea un libro, una película, un cuadro, una canción...
Que no me siento capaz de denostar a nadie por su forma de vestir, de peinarse, cuanto menos por su aspecto físico.
Que me gustan las conversaciones cara a cara, de esas que no necesitan una foto para ser recordadas.
Que mis amigos están siempre cerca, aunque nos separe un océano.
Y no estoy atacando a la tecnología, ni mucho menos. Sería hipócrita por mi parte hacerlo mientras la utilizo, ¿no?
Lo que critico es la manera de utilizarla.
Al obtener casi todo a golpe de dedo, podemos pensar que, en la vida, todo es igual de fácil. Todo es gratis, todo está a nuestro alcance, y si no podemos acceder a ello, no toleramos la frustración, no estamos preparados.
Cuando yo era niña y tendía a pedir algo que no era posible en ese momento, mi madre siempre contestaba "...Y yo quiero un caballo"
Pues eso...
Se os quiere
lunes, 20 de marzo de 2023
... Y yo quiero un caballo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)