"Desde que tú te has ido
Desde que te has marchado
Mis manos tienen frío
Por no tener tus manos"
Tus manos...
Esas manos grandes, poderosas, llenas de callos producto del trabajo de toda una vida, con sus cicatrices, con sus uñas perfectamente cortadas.
Esas manos rudas capaces de levantar con brío sacos y planchas de escayola.
Esas manos sabías que redondeaban con mimo las esquinas, llana en ristre.
Esas manos fuertes que abrían cualquier cosa.
Esas manos hábiles capaces de arreglar lo estropeado a la vez que nos hacías aprender con tu sempiterno "atiende"
Esas manos cómplices que rascaban la espalda como nadie.
Esas manos tiernas que acariciaban con una dulzura infinita el dorso de las mías.
Esas manos decididas que se movían siempre hacia el objetivo justo.
Esas manos que buscaban un sitio para cada cosa y colocaban cada cosa en su sitio.
Esas manos que escogían entre los objetos más insospechados el regalo sorpresa perfecto para cada uno de nosotros.
Esas manos...
Tus manos...
Mis manos tienen frío siempre desde que no estás.
Otras manos queridísimas me sostienen, me acarician, me miman... pero no son tus manos.
Siempre me he sentido segura yendo de tu mano.
Desde que tu te has ido, he sentido el vértigo de caminar sola, sin red, sin esas manos amadísimas que, con un gesto, calmaban todas mis inquietudes.
Desde que tú te has ido, he crecido de golpe, pero, en el fondo, sigo buscando tus manos para encontrar el camino.
¡Cuánto te echo de menos, papá!
¡Cuánto!
Feliz día.
Te quiero, papá.