sábado, 17 de marzo de 2018

Desde que te has ido

"Desde que tú te has ido
Desde que te has marchado
Mis manos tienen frío
Por no tener tus manos"

Tus manos...
Esas manos grandes, poderosas, llenas de callos producto del trabajo de toda una vida, con sus cicatrices, con sus uñas perfectamente cortadas.
Esas manos rudas capaces de levantar con brío sacos y planchas de escayola.
Esas manos sabías que redondeaban con mimo las esquinas, llana en ristre.
Esas manos fuertes que abrían cualquier cosa.
Esas manos hábiles capaces de arreglar lo estropeado a la vez que nos hacías aprender con tu sempiterno "atiende"
Esas manos cómplices que rascaban la espalda como nadie.
Esas manos tiernas que acariciaban con una dulzura infinita el dorso de las mías.
Esas manos decididas que se movían siempre hacia el objetivo justo.
Esas manos que buscaban un sitio para cada cosa y colocaban cada cosa en su sitio.
Esas manos que escogían entre los objetos más insospechados el regalo sorpresa perfecto para cada uno de nosotros.
Esas manos...
Tus manos...
Mis manos tienen frío siempre desde que no estás.
Otras manos queridísimas me sostienen, me acarician, me miman... pero no son tus manos.
Siempre me he sentido segura yendo de tu mano.
Desde que tu te has ido, he sentido el vértigo de caminar sola, sin red, sin esas manos amadísimas que, con un gesto, calmaban todas mis inquietudes.
Desde que tú te has ido, he crecido de golpe, pero, en el fondo, sigo buscando tus manos para encontrar el camino.
¡Cuánto te echo de menos, papá!
¡Cuánto!
Feliz día.
Te quiero, papá.

martes, 6 de marzo de 2018

Un dia sin miedo

Quiero un dia sin miedo,
Sin miedo al "qué dirán"
Sin miedo a dar mi opinión y que se ofenda el mundo.
Sin miedo a vestir como quiera y que eso no signifique una invitación a cualquier cosa
Sin miedo a salir de noche porque los lobos acechan
Sin miedo a no ser madre porque me tachen de incompleta.
Sin miedo a no tener la casa limpia.
Sin miedo al sonido de unas llaves en la puerta que anuncian al monstruo.
Sin miedo a ser madre y que mi carrera profesional se trunque
Sin miedo a elegir la profesión que me guste más allá de las etiquetas.
Sin miedo a reir entre lágrimas.
Sin miedo a llorar entre risas.
Sin miedo a no estar perfecta siempre, a cualquier hora y en cualquier lugar.
Sin miedo a no estar a la altura que se supone que debo estar.
Sin miedo a dejar de lastrarme los pies para que nadie se sienta menor.
Sin miedo a que mi trabajo se lo atribuya otro por tener las gónadas distintas.
Sin miedo a que mi salario lo determine una x en el par 23
Sin miedo a techos de cristal y pozos de desesperación.
Sin miedo a tener que aguantar porque es lo que toca.
Sin miedo a  una educación igualitaria, sin supremacismos de nadie.
Sin miedo a ser una moneda de intercambio, un arma arrojadiza en medio de luchas de poder.
Sin miedo a tantas cosas...
Quiero que ese día llegue.
Quiero ese día para mí, para mis hermanas, para mis hijas, para mis sobrinas, para mis amigas, incluso para quienes no lo consideran necesario.
Quiero ese día para mi compañero de fatigas, para mis hijos, para mis sobrinos, para mis amigos, incluso para quienes creen que eso ya existe.
Y ese día está cerca, no es el 8 de marzo, porque para mí, mientras exista un sólo día con miedo, todos los días son 8 de marzo.
Las conclusiones son vuestras.
Sólo hay que leer entre líneas.
Se os quiere.