¡Cuánta importancia tienen los gestos y qué poco nos fijamos!
Un beso, una sonrisa, un guiño, un ladeo de cabeza, una subida de hombros, unas cejas enarcadas, morderse los labios, la lengua que sale por un lado u otro de la boca... ¿Está claro, no? Estoy hablando del mus.
El mus es como la vida, necesitas compañeros que te complementen y te ayuden, que te conforten en los fallos y que celebren contigo los éxitos. Son necesarios también los contrincantes, sin ellos no hay juego.
Durante una partida puedes hablar cuanto quieras, puedes mentir descaradamente, ir de "farol", pero tus gestos no pueden engañar ya que, al final, cuando se descubren las cartas, todo queda a la vista.
La vida es como el juego del mus, con la boca puedes decir lo que te de la gana, pero tus gestos y tus obras te pondrán al descubierto.
El destino reparte las cartas y son con las que tendrás que jugar, quieras o no. Cabe la posibilidad de "darte mus", o sea, cambiarlas por otras, pero en ese momento, los contrincantes pueden decidir que "no hay mus" y te toca jugar esa mano con lo que tienes.
Pueden sucederse manos en las que tus cartas son como para tirarlas por la ventana, pero, tanto en la vida como en el mus, sólo queda tener paciencia y barajar.
Desde pequeña veía a mi padre jugar al mus y me parecía aburridísimo (si no sabes jugar, no te enteras de nada) hasta que aprendí y ¡me encanta!
Por una carambola del destino, tuve la oportunidad de jugar una tarde con mi padre, mi tío y mi marido una partida inolvidable.
Para quienes no lo sepan, las parejas se sortean, o sea, que te caen en suerte, (lo dicho, como en la vida) y quisieron los hados que los hermanos jugasen juntos (como siempre) y los contrincantes fuéramos mi marido y yo.
¡Nos dieron una paliza de las que hacen época! Se conocían el uno al otro como la palma de la mano, jugaban cualquier combinación de cartas sin despeinarse pero, eso sí, ¡se reían como si no hubiera un mañana! Lo bueno del mus es que no se juega dinero, no es lo importante, sólo unas rondas que pagan los que pierden (o sea, nosotros)
Esa tarde ¡aprendí tanto sobre ellos y sobre la vida! Perdimos la partida, si, pero ¡ganamos tantas cosas!
Lo importante es saber jugar las cartas que tienes, sean las que sean; apoyarte en tu compañero de juego; jamás menospreciar al contrario con tus actos, puedes llevarte más de una sorpresa; sonreír siempre, ganes o pierdas, esa es tu victoria; ser honesto en tus actos es fundamental y reír a carcajadas sea cual sea tu suerte.
Esa tarde supe que un solomillo cabe en un beso y, desde entonces, cada vez que juego, mis solomillos tienen un destinatario en el alma.
El mus es como la vida o la vida es como el mus, ahora os toca a vosotros leer entre líneas.
Se os quiere.
Dame perder muchas partidas como esa 😘
ResponderEliminarDame perder muchas partidas como esa 😘
ResponderEliminarPues para yo no saber jugar al mus, he sabido leer entre líneas herpana ;) :* :*
ResponderEliminarGran metáfora, Mariví, maravillosa...
ResponderEliminarComo siempre,maravillosa reflexión!!
ResponderEliminarYo tampoco sé jugar al mus pero sé de las reglas y así es la vida, como el mus!!
Me encanta como escribes!!!
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