En su novela, Mónica Carrillo nos relata, en un estilo casi epistolar, el recorrido vital que hace Malena, tras un terrible accidente de coche, en esa línea difusa que separa la vida de la muerte. Aparecen todas las palabras que dejó sin pronunciar, todos los abrazos que no dio, los asuntos que dejó sin terminar y que su mente va resolviendo uno a uno, para poder marcharse en paz. Pero, hay una voz que le recuerda cada tanto que tiene mucho que hacer aún y que no puede rendirse, la de su perrita Mía, una figura divertida, sorprendente, llena de realidad, con una simplicidad tremendamente complicada de llevar a cabo, se trata de vivir, nada menos.
Hace ya algunos años, tras una experiencia tremenda, pronuncié una frase que me ronda en la cabeza desde entonces "¡Qué fácil es morirse! Cierras los ojos y ya". El tiempo me ha ido demostrando que no siempre es así.
Cuando entras en un quirófano sin saber si saldrás con vida, siendo dolorosamente conocedora de que puede acabarse todo en un momento, te inunda una paz absoluta, ya nada está en tus manos.
Al abrir los ojos, por fortuna, llena de tubos y de aparatos con sonidos que dan fe de que sigues viva, todo cambia.
En ese momento, tu perspectiva es otra: se te ha dado una nueva oportunidad.
Aprecias cada amanecer, incluso con lágrimas en los ojos; abrazas con el alma en cada ocasión, pues eres consciente de que puede ser la última, o no, nunca se sabe, pero por si acaso.
Reconoces y agradeces el cariño cada vez que se te da y procuras devolverlo elevado a la enésima potencia. No te guardas las cosas, ni para bien ni para mal.
Sientes la energía de los tuyos que marcharon antes que tu, que te conforta, te apoya y te da la fuerza para continuar.
Aprendes a despedirte de gentes y cosas que son innecesarias, que no te aportan nada, que te restan.
Aprendes a despedirte de gentes y cosas que son innecesarias, que no te aportan nada, que te restan.
Valoras el amor de quienes te rodean, de esos que te dan la mano sin preguntas, que siempre tienen una sonrisa pronta y una caricia en la punta de los dedos.
Y sientes en lo más profundo de ti que has encontrado a tu compañero de vida, cuando te mira más allá de los aparatos que te invaden, del camisón de hospital (que, digámoslo claro, favorecedor no es), de tus ojeras, de tu lividez y te saluda con un "¡hola, guapa!". Si eso no es amor...
Hay personas que no aprenderían esta lección ni en mil vidas que vivieran, que no la aprendieron, de hecho, que se marcharon enfadados con el mundo por dejar todo lo material que acumularon y que no podían llevarse consigo.
Cuando la Parca venga a buscarme de nuevo, me encontrará ligera de equipaje, mis posesiones más preciadas vendrán conmigo, porque la energía del amor no se crea ni se destruye, se transforma.
Mónica, Malena y Mía me han llevado de vuelta a esos días y me han puesto en carne viva los sentimientos de entonces y que siguen presentes en mi estar y en mi ser.
He vuelto a pensarlo, ¡qué fácil es morirse! cuando tu corazón está en paz. Aunque la agonía sea larga y difícil y lo único que te ancla es el amor de los tuyos, te irás, te habrás ido con una sonrisa en los labios.
Es una lección de vida para la que no es necesario leer entre líneas.
Joe,marivi, que gusto leerte ....Enhorabuena,quiero mas ��
ResponderEliminarEnhorabuena!!! Es una maravilla leerte!!
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ResponderEliminarPues no sé si me lo leería... ya es con esto, y ya estoy con el pañuelo en mano.
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